Suena el teléfono y reconozco el número. No es ella, no puede ser ella, pero aún así corro hacia el aparato para cogerlo y lo que oigo es la voz de su padre. Decepción. Alegría. Tristeza. Melancolía.

Se interesa por mi, quiere saber cómo estoy, cómo me va todo, me cuenta que su mujer ya está en país con sus hijos y sus nietos. Me alegro por ella. Una conversación tan trivial y tan cargada de sensaciones... Él. Una de mis conexiones más fuertes e importantes con ella para mi. Yo. Una de las conexiones más fuertes con ella para él. Me pide un favor, ¿cómo negárselo?
"¿Puedes traerme esos vídeos que me contaste que salíais bailando y cantando? Es que mañana me la llevo por fin a casa y me gustaría poder enseñárselo a sus hermanos y verlo yo."
Acepté. Recordé que un día o dos antes yo había aconsejado a una persona que había perdido a una amiga que apoyara a su madre. Qué fácil es dar consejos, al fin y al cabo no soy yo quien debe llevarlos a cabo, ¿no?
Me atacan los nervios. No podré sola. No podré sola porque es su casa, es donde yo pasaba el tiempo con ella, donde hablábamos, cenábamos, reíamos. Mi madre y mi amiga deciden acompañarme. No estoy sola, pero sigo asustada porque no sé qué decirle. Lo pienso e intento encontrar algo, cualquier cosa, pero descubro que lo que necesito son esas palabras mágicas que tanto anhelaba oir yo... Y siguen sin existir. Y me enfado porque no existen. Y me enfado porque no es justo que exista tanto dolor, pero no exista una cura aparte de ese maldito tiempo. Y me enfado porque me siento impotente, porque no puedo hacer más, porque ni siquiera existe una verdadera razón para enfadarme, pero lo hago.
Cuando me abre y le veo al otro lado, sé que no está bien, no quiero entrar, le digo que tenemos prisa, pero entramos.
La sala donde hablaba con ella, donde reía con ella, donde veía la tele con ella. La mesa donde cené con su familia, donde se degustó el primer postre que hice yo solita que era una porquería, pero que a su padre le encantó. El lugar donde viví más de la mitad de mis recuerdos...y me siento egoísta por un segundo. Porque su padre ha tenido que seguir allí durante 20 días sin ella y es su hija y es donde vivía con ella y cada rincón debe ser un recuerdo para él, pero no se ha quejado.
Hablamos. Cuándo se va, el horario del vuelo, el entierro que se celebrará en su país... Y yo casi no abro la boca, es como si la tuviera pegada, no puedo. Pienso en las palabras mágicas y las detesto por no existir.
La despedida es triste, alegre, emotiva. Un padre con los ojos anegados en lágrimas preguntándome si podrá volver a llamarme porque él y su mujer quieren mantener la amistad que tenía con su hija. Mi madre comprendiendo el dolor de un padre al que le han arrancado un trozo de corazón. Yo aguantando las lágrimas, abrazando a ese padre, que tantas batallitas sobre su vida me ha contado mientras escuchaba junto a su hija y nos reíamos y ofreciéndole mi más sincera amistad. Tantos sentimientos revueltos presentes. Tanta añoranza.
En el coche no puedo hablar, sé que si lo hago lloraré y no quiero. Una de las primeras cosas que me vienen a la cabeza es la lección que me ha dado ese padre. Yo rencorosa, enfadada con todo el mundo por tal injusticia. Él: "¿para qué me sirve ahora el odio? ¿Acaso me resolverá algo? Todo ya ha pasado y ella descansa."
Me ha dado en plena cara y no me queda otra que aceptar lo cierto que es, el rencor solo sirve para que te coma por dentro. No hace nada por ti. Solo por él. Por seguir ahí y ser cada vez mayor. Descubro que el rencor es un parásito sin compasión.
Lo segundo que aprendo. O mejor dicho, que corroboro. Que injusto es el mundo. Un hombre, un buen hombre, una buena persona, un buen padre, no se merece esto, no se merece nada de todo lo que le está sucediendo. Pero así es la vida. Cuando uno está bien y no ocurren cosas malas es fácil tener fe, no cuesta nada no preguntarse el porqué nos pasan cosas buenas, damos por hecho que las merecemos, pero cuando lo que nos pasan son cosas malas lo único que podemos hacer es preguntarnos porqué nos pasa esto a nosotros y es fácil, muy fácil, perder esa fe que se tenía. Es fácil preguntarse qué le importaré yo a ese Dios que todo lo ve. Qué le importaré yo, una chica entre tantas, que intenta vivir y que comete los mínimos errores posibles. Seguramente nada. Él estará allí arriba. En su cielo, con sus nubes, su sol, su luna, sus estrellas...
Yo esta noche las observaba desde aquí abajo, con el alma rota por un padre destrozado y el dolor por una amiga todavía en el corazón. Deseando poder recordar, ver esas fotos y esos vídeos y que aflore una sonrisa en mis labios y no unas lágrimas en mis ojos.
"Tiempo al tiempo" dicen, pero ¿cuánto tiempo más? 21 días es poco y...¿cuánto es suficiente?
Es algo que me sigo preguntando, pero que gracias a la lección que ese gran hombre me ha dado hoy ya no me preocupa tanto, porque el rencor se ha ido. Él es su padre y no odia, ¿qué hago yo tan rencorosa entonces? Ese rencor dirigido a según qué personas y ese enfado que habían en mi interior, esta noche, no están. No sé si volverán a molestarme o si ahora que vuelvo a ser un poco más yo todo seguirá dirigiéndose a la tranquilidad.
De lo que estoy segura es de que hoy estoy meláncolica, pero tranquila. Recordando con amor y no con rencor. Y por fin, ahí está esa sonrisa. Sólo una, sólo un instante, pero no me preocupa. Sé que volverá. :o)
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Encendida en love de nuevo, un paso más hacia la yo misma de siempre. Más tranquila. Las cosas que de verdad valen la pena en la vida duelen. Esto ha dolido, pero me ha hecho tanto bien que no se puede ni imaginar. Simplemente, GRACIAS RE. (padre de R.) Y hasta pronto.



4 nubecitas ♥ !:
Que bueno que puedas desahogarte por medio de la escritura, es grandioso de verdad dejarse llevar por lo que tus manos pueden expresar escuchando la voz de tu corazón... y al final... tu alma descansa...
dios, qué contraste, anita tan hermosa, con la vida toda a cuestas, con el rayo de luz debajo de sus ojos, y por el otro lado R y RE y la vida con sus raras lecciones y sus arduos caminos llenos de separación, de distancia, de dualidad
pero pues todo ello no se elige, por fortuna se vive ya que siempre deja cosas buenas el ir andando porla vida cual guerrero, hay que volverse guerrero y enfundar la espada con los ánimos de vivir pleno, de vivir en paz y libre
obstáculosaparentes siempre los hay
pero si los trasciendes, si los comprendes como puertas de entrada a un aprendizaje superior, pues la existencia cobrasentido
suerte en el camino, mujer
primeravez en tu blog
(diez)mil abrazos
esta vida es asi,lo mismo te da alegrias q te da tristezas pero todo debemos ir superandolo dia a dia...
besitosssss
Marianux: La verdad es que sí. Me encanta leer y también me gusta escribir aunque normalmente no publico casi nada (por no decir nada) de lo que escribo.
Gracias por pasarte.
un besito.
Alberto Espejel: Primero de todo gracias por pasarte por aquí. La primera vez y espero que no la última :o)
Tienes razón, estas cosas no se eligen, pasan y también tienes mucha razón en que de ellas se aprenden. Todo forma parte de la vida y así es como va todo esto. Momentos buenos y momentos malos, tiene que haber de todo y saber vivirlo.
Un abrazo grande!
Elisabeth: Por supuesto, y así es como vamos aprendiendo y viviendo.
un besito!
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make me smile, pon otra nubecita en mi cielo! :o)